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lunes, 11 de octubre de 2010

A mis 27...

Mi cumple siempre es muy divertido. Ya sea para mi o para mis cómplices en el evento, alguien siempre se lleva una mega anécdota, una fotografía mental, un chiste que contar o una tragedia que relatar.
Por ejemplo, cuando yo tenia 8 o 9 años (No me pidan que recuerde 18 años atrás) Se hizo un festejo en honor de su demonio favorito. Como mi sobrino cumple años apenas unos 3 días antes que yo y las familias mexicanas tienen ese increíble don de ahorrar en esfuerzos pero no en pachangas, pues mi sobrino el Pumba y yo siempre fuimos homenajeados (ojo meneados) al mismo tiempo. En una de esas ocasiones otra sobrina mia, Adrix, tendria escasos dos años y recorría el mundo en una andadera flamante y ultimo modelo. Debido a mis ya entrados 9 años, me dieron como misión en la vida (durante mi cumpleaños) vigilar que la susodicha bólida no saliera disparada por la puerta de entrada, por que agarraba un vuelo la niña y la entrada de mi casa tenia un desnivel de tres escalones. Ambas cosas combinadas procurarían que la niña saltara como Kit el auto increíble, pero el de David Hasselhoff (el nuevo no me gusto).
Pues ahí me tienes vigilante y asertivo viendo a la chamaka hasta que llego otro invitado con una caja de regalo que, ilusamente, sospeche que era para mi. Mas tarde yo en tener la desagradable sorpresa de que mi regalo era un suéter de lana horrible que en lo que Adrix, cual F18 impulsado por la catapulta del portaaviones, salio (como se había predicho) hecha la mocha en pos de la libertad de no tocar el suelo y se fue a estampar vigorosamente contra un tubo que era parte de una precaria estructura que ascendía al segundo piso.

De ese descalabre se hablo por generaciones y generaciones y se seguirá hablando por que me gusta la historia. El punto es que siempre sale una historia en donde doy material para que cualquier cronista, caricaturista o escritor del de peso tenga un rincón de tragicomedia.

A mis 27 años mas o menos unos 23 o 24 han sido con esta tendencia que, si muy divertida, ha logrado darle muchas anécdotas a mis compinches. Este año, la cosa cambió un poco. No es que no haya sido divertida, al contrario, me la pasé como enano en tienda de minifaldas, solo que este cumpleaños fue, como dicen por ahí, perfecto. Como lo ceremonioso no es precisamente lo mio, pues la partida de pastel nunca fue mi hit. Y como que nadie me preguntaba si quería o no quería yo pastel. No habrá pastel. En vez de ello pues invite a unos amigos muy cercanos al alma al magno evento, compre unos kilillos de carnes de diversos animales muertos y me dispuse entonces a hacer algo que siempre me había costado trabajo hacer. Hacer únicamente lo que me gusta, para mi propio placer.

Departí con los hermanos del alma, con la mujer de mi vida y sus respectivas hermanas putativas (no hay albur en la expresión), comí lo que quise, hice lo que quise y reafirme en el corazón a aquellos que respeto, admiro y quiero, mientras hablabamos de las cosas mas inverbes.

A mis 27 si me pude felicitar de cumpleaños a mi con lo que realmente quiero en la vida (hubo claro sesión de un mal entonado Karaoke) y aunque esta vez no hubo azoton, drama, golpes, desfigures (en algún momento trate de imitar a Bruce lee entrada ya la noche y con musho alcohol encima), en realidad la experiencia, la anécdota de haber hecho este un muy feliz cumpleaños solo para mi, me la llevo yo mismo... y se la contaré a la próxima generación.