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miércoles, 26 de enero de 2011

Silencio

Levanto el vaso grande de cristal, tomo un sorbo de la última onza del whisky que ya tiene sudor de la humedad del ambiente. Se levanta despacio queda sentada y callada. Busca con ahínco una liga que le fue desprendida en un frenesí de pasión minutos atrás. No dudo que las dudas le sobrevuelan la cabeza. Sí, fue una travesura que comenzó con una experimentación inocente, una locura que se hace cuando os alcoholes nos sobrepasan los límites normales de la existencia. Sigue ahí, sentada arreglándose el pelo para disimular el desenfreno momentáneo que ahora duda si fue una buena idea. Ya sabe que no lo es. Más bien se justifica en su cabeza mientras busca su ropa y cubre lo poco que puede con las sabanas revueltas entre sus piernas.

Su mirada está dirigida al closet, no voltea a verme ni una vez y no emite sonido. Normalmente este sería el momento donde yo rompo el hielo con algún comentario absurdo que la haga reír para eliminar la tensión. Hoy no puedo. Finalmente encuentra su bra y se lo pone desesperadamente para después cubrir su espalda con su camisa. Una espalda delgada, afilada, con contornos infinitos y finitos al mismo tiempo.

Ya con ropa interior puesta y la camisa re arreglada trato de emitir sonidos hasta que se levanta y me concentro en su cintura. La vista asfixia mi respiración y siento inevitablemente una culpa recién adquirida por lo acaecido unos minutos antes. Mi mente no deja de irse al lecho que compartirá esta noche, solo me pregunto si se arrepiente.

Se termina de reinstaurar en su papel cuando termino mi contemplación. Se acerca, me acaricia levemente en la mejilla y se mueve con velocidad a la salida. He vivido esta mañana muchas veces, en muchas diversas camas, muchas diversas situaciones mucho más adversas que esta y nunca había congelado tanto un silencio. No pudieron ser más de cinco minutos de silencio… y escuche mucho más que nunca.

Adiós Diana silenciosa.

domingo, 23 de enero de 2011

Ojos verdes


Es bien sabido de mi debilidad en este mundo. Así como Superman era débil ante su roca verde, yo lo soy a mis cristales verdes. Solo he tenido tres pares, tres pares únicos. Los primeros fueron únicos, dos lagunas reflejando lo más profundo del mar, cenotes difuminados, oscuros, profundos, mis primeras mariposas en el estomago provenían de dos ojos verdes. Jóvenes, despreocupados, abiertos y sinceros me besaron, y con sus besos eliminaron mi naturaleza por de mas malvada. Nade en sus miradas sin nada encima, sin ambición y sin envidia, solo nade en ellos por que sentí renacer cuando me captaban, cuando podía verme reflejado en ellos. Eran mis joyas de juventud.

Mis segundas piedras preciosas, eran la cosa más bella que había visto. Eran verdaderas esmeraldas enmarcadas por la cara más dulce que uno haya podido ver. Mi primer amor platónico y creo que el único. Podría definir el marco de los ojos como precisamente eso, dulce, romántico, delicioso. Me vi contemplado por esos ojos de una forma constante y deliciosa. Nunca sospeche de la posibilidad de tocar esos ojos más allá de mi reflejo en ellos hasta que un día con asistencia de Baco, esos ojos se acercaron a tocarme. Fue definitivamente la única vez que unos ojos me elevaron de suelo con el roce de mis labios con los suyos. Aun ahora pienso que fue un sueño que me regalaron los dioses para conservar.

Mis terceros ojos verdes eran lámparas verdes. Todavía confundida por los múltiples amores que tocaban a su puerta y aquellos que ya habían entrado, se fijaron en mi. Como travesura, como amplitud de mente forzada por la soledad. Fue la primera vez que unos cristales tan potentes me dejaron volverlos vulnerables. Al encontrarnos sin disfraces esos ojos robaron mis noches por varias semanas. Después de esas semanas supe que los ojos verdes son mi debilidad. No pretendo coleccionarlos porque lo maravilloso de los ojos verdes es que se esfuman con rapidez, se esfuman pero se quedan, borrosos en marco, pero intensos en color y no se van de mis sueños mejores.

Sera que unos iguales vendrán a quitarme mis poderes de hombre contra el mundo?

Ojos negros

“Ojos negros, piel canela que me llegan a desesperar”

Una gota, quiero suponer de sudor, recorre tu piel morena despacio, cansada, desgastada descomponiéndose en su camino por las pequeñas partículas que deja en cada poro, en cada minúsculo vello aun erizado por lo que supongo fueron varios minutos de hipersensibilidad. Fragmentos borrosos de tu cara en diversas sonrisas. Una en particular que me das cuando quieres entrar en mi mente y hacerme sentir lo que quiero imaginar te hago sentir de vez en vez.

Despierto agitado, emocionado, excitado. Tres sueños contigo y siento que reviento. Solo es eso, sueño. Mi mente consciente conoce la verdad, pero el maldito subconsciente sabe una verdad más profunda que desesperadamente intento negar. Despierto y casi siento que lo que soñé era real.

No puedo dejar de pensar que está mal, que simplemente mi mente aun no domada juega con mi voluntad que si lo está. Mi mente vuela como el beso que seguía esa gota de sudor. Pero eres peligrosa, sabes cómo llegar a mí, me sabes manipular y sabes cómo responderé. Definitivamente, los tuyos son encantos a los que difícilmente puedo resistir. Así probablemente lo has hecho por mucho tiempo y ese halo de perversa magia dulce es lo que te hace tan atractiva. Y lo peor es que me hace sentir bien. Eres un juego delicioso que no dudo disfrutaría.

Si tan solo no estuviera harto de jugar…