Ninguna,
Aunuqe solo por hoy, una al despertar y me pregunto si estarás con ella. Otra mientras me lavo los dientes e imagino tu presencia junto a mi imagen en el espejo. Pongo el café y tus manos marcan la medida justa del agua y la molienda. Abro la llave del agua y mientras espero que caiga el agua caliente siento tus dedos deslizarse por mi piel que se desnuda del sueño y de la noche.
Cierro los ojos para enjabonarme y la espuma marca el límite de mi día. Al abrir el closet la ropa me grita con tu olor, no lavaré mi suéter hasta volverte a ver y escojo con cuidado la falda que te gusta por como se mece a mi caminar.
Bajo las escaleras y en el rellano donde me besaste vuelvo a escuchar tu aliento en la nuca y mi jadeo que te responde. Me has robado el aliento tantas veces que basta el reflejo en el portón para sentirte de nuevo, tu sombra me persigue.
Mi oficina responde a mi pregunta silenciosa con una negativa, no has llamado. Ni hoy, ni ayer.
Pasa la tarde y el taxi es apenas una sombra que llora junto con la lluvia que esconde mis lágrimas, paseo por la ciudad esperando encontrarte vagamente en otras caras y en otras parejas.
La calle es feria de luces y cafés que invitan a la confidencia. Tu no estás en ninguno.
Esta noche se rompe en mil pedazos de granizo y viento helado bajo mi falda, las sandalias de tacón que compramos juntos, bajo la mirada atenta y celosa del dependiente, se mojan y ya no sirven mas. Voy el resto del camino descalza y sin medias, como te gusta.
Sabes bien que odio los paraguas y camino mojada y fría hasta el quicio de mi soledad. La puerta se resiste a la llave porque sabe que vengo sola, cuantas veces nos vio llegar de la mano o desesperados de deseo. La cama deshecha con tu huella que se va desdibujando, me envuelve y me enreda.
Hoy no pensé en tí, otra vez.
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