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domingo, 7 de enero de 2007

Ahogo en vino mis ilusiones

Inevitablemente acudo a ti, mi único amigo
El que siempre esta aquí, mi amigo el vino
Tinto o blanco, no hay mucha diferencia
Cuando se trata de olvidar, lo importante es la decadencia

Quien mejor que un buen merlot para decirme por seguro
Que esa mujer, mejor ya no la saludo.
Pero necio es uno

Dos de cada tres hombres prefieren olvidar con alcohol
Pero por seguro es que los tres tienen la misma intención.
Olvidar

Nada me complace más después de una buena puñalada por la espalda
Que venir a quejarme con una copa bien helada
Acompañado de otros miserables como yo y peor
A cierto bar que yo sé, no es precisamente franquicia.

Ya entrada mi etapa de cordialidad
Me da por comprarle a un tipo un coñac
Aprovechando la oportunidad sin igual
El tipo se termina de un trago sin dudar
El costoso elixir que sin duda terminara por regresar
Yo por mi parte penetro las oscuras sombras de la depresión ligera
Cuando en el fondo veo mi peor quimera
Vestida de amarillo en vestido de etiqueta
Cierta blanca nieves que conocí yo como cenicienta.

Ojos cafés y labios semi gruesos,
Cara pequeña dientes perfectos
Ocupando el fondo de mi vaso
Ensangrentando el pozo
De mi recuerdo ingrato.

Será acaso mi elevado éter sanguíneo?
O solamente este deseo infinito?
Si es el éter tomaré de más para que se borre
Si es el deseo, reprimiré mis ganas hasta el borde.

sábado, 6 de enero de 2007

curarme de ti

este no es mío pero lo encontré y creo que vale la pena, sobre todo si Cole dice que ahora será tan solo un amigo...
tabi

Espero curarme de ti en unos días.

Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.
Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde" y tú sabías que decía "te quiero").

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Autor: Jaime Sabines