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domingo, 25 de enero de 2009

Esperanza

Siempre es diícil. Regresar... El pasado no alimenta, pero enseña. De regreso a mis raíces, la vida le dio una vuelta a mi afirmación. El pasado no me alimentó, pero me enseñó. Un beso en pausa de hace seis años me reanimó a mi complicado regreso. La ciudad sigue siendo gris, complicada, perra, agresiva y taladrante. Sigo viendo cadveres andantes cada vez que veo una cara en la ciudad. Un desfile constante de rostros sin otra expresión que la angustia y el estress insondable que se respira con el humo de los autos.

Sentí todas esas cosas malas que siento cuando llego a ese agujero urbano. Y desde que aterricé me vino un sentimiento extraño, como que hubiese algun punto de conexion entre mi persona y este lugar. Mi primera llamada una vez dentro de este terruño se dirigió a quizas mi única conexion emocional con alguien, la Esperanza. Ambas, la del sentido figurado y a la que me saluda electronicamente de vez en vez. No sé por qué, si fue un momento premeditado de nostalgia, la necesidad de compartirle a alguien mi actual agonía impersonal o simplemente eso, una esperanza de que este viaje no fuera tan terrible como se vaticinaba.

Una tarde entera le dedique a Esperanza y a la esperanza de haber dejado algo bueno en esta ciudad tan fría y ruda. Platicas variadas, besos recreados y creados de la conciencia del pasado. Tequilas, cervezas, abrazos, mas besos, su presente, mi presente y mi ilusión. Por un día fui el tipo cariñoso y osado que siempre me han requerido que sea y me gustó.

Después una nota via satelital a mi telefono reafirmando lo especiales que somos el uno para el otro. Y vuelvo a mi selva tropical un un beso de Esperanza entre mis recuerdos desde el norte de la ciudad de Mexico...

A veces todo lo que uno requiere es una esperanza para seguir y saber de donde venimos y a donde vamos... gracias.

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