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miércoles, 14 de enero de 2009

Hoyo en la pared

Tengo un vecino. Cualquiera que viva en algún lugar tiene uno. Compartimos el ocasional saludo cuando no se puede fingir demencia, una pared delgada y una entrada por las escaleras. Este vecino mío decidió remodelar su casa. No me molesta. El ruido no es algo que me afecte mucho. Pero en sus afanes de mejoría en su calidad de vida, taladró un hoyo...

No puedo ver a su departamento, simplemente una instalación suya quebranto el azulejo que mi casero tuvo a bien poner en algún momento de su euforia al comprar casa. Y así estoy yo... Quebrado.

Por qué? quizás tantas remodelaciones en cinco años en mi aspecto físico y superficial han dañado mis instalaciones internas. Mis cambios de muebles, decoraciones, azulejos, baños nuevos, cocina mejorada, refrigerador de dos puertas, patio de lavado ordenado, mis recámaras nuevas, etc., me han tronado algo que no hubiera notado de no haber entrado a ver mi cocina.

Siguiendo con la metáfora, siempre he tenido una cocina, entro de vez en vez a tomar mi tequila en las noches, a calentar una sopa Maruchan, a tirar las 370 colillas de la semana, quizás hasta tomar un Yakult caduco del refri. Pero nunca la había notado...

Así me pasa de un tiempo a esta parte, esa parte primordial de mi mismo, que no se si es el alma, la conciencia o mi capacidad intelectual esta terriblemente ignorada. Ya no escribo en la cabeza mientras vivo, ya solo escribo bajo comando y dicen que esa es la muerte de un poeta. Nunca lo he sido, pero si han muerto muchas partes de mi cocina que no logro aún vislumbrar. Sigo usando cosas que la cocina me brindó, mi capacidad de análisis, mis terriblemente mal preparadas estrategias que funcionan por arte de magia, mi capacidad de manipulación. Pero eso, eso que me mantenía bueno a pesar de esas artimañas, se esfumó y no lo noté hasta hace poco que le vi un hoyo ala pared de la cocina....

Será que le reparo, o será que remodelo la cocina?

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